¿De qué se trata esto del yoga?

Written by mantrasurbanos

* Texto: Luz Gimenez-Zapiola / foto: Centro de Yoga Iyengar Perú

Para empezar, esta es una pregunta capciosa, que por lo general nos hace la gente que no practica yoga, que solo lo conoce por verlo añadido en sus opciones del gimnasio que frecuenta, o lo escucha de sus amigas que comen únicamente verduras y semillas. o de gente que era deportista, se lastimó y ahora habla maravillas del yoga. Incluso hasta puede ser que estas personas hayan tomado una clase y por eso hacen la pregunta.

Para muchos, el yoga no es más que un ejercicio para mantenerse en forma. Aburridos del Pilates o del ‘personal trainer’, escuchan que su amiga está tomando clases y que está encantada! Así es como la siguen y prueban una clase. Otros llegan porque han sufrido lesiones deportivas y encuentran en el yoga su último recurso (recomendado por el médico).

A mí nunca me gustó correr. Pero en los años 90 hubo una época en donde me dije: “Luz: si todo el mundo corre, tú tienes que poder hacerlo”. Y lo hice. Por un año. Consecuencias: varias visitas a Emergencias del hospital más cercano con un dolor tan intenso en la espalda que tenía que sostenerme el mentón para poder mantener la cabeza semierguida. Recuerdo el sufrimiento y no se lo deseo a nadie. Hoy me pregunto cuánta gente está dispuesta a seguir esos patrones de conducta y no parar hasta caer rendidos. El cuerpo nos habla. Y cuando estamos listos, lo empezamos a escuchar. Así fue mi encuentro con el yoga. Y digo siempre que tuve la suerte de haber caído en las manos de mis primeros profesores de Iyengar Yoga.

¡Recuerdo la sensación de reconocer a mi propia persona durante el tiempo que duraban las clases! Era algo que nunca había sentido en mi vida. Tenía una sensación de haber tocado un lugar conocido y seguro. ¡Es claro! Era mi consciencia, mi alma. Los primeros destellos de luz se daban cuando lograba llevar la consciencia a las distintas partes del cuerpo físico, un acercamiento a mi verdadero ser, a quien realmente era yo. Este gran velo que se corría de mi vida cotidiana me fue permitiendo conocerme y de a poco aceptarme. Aceptar que tengo mil caras. Y que todas son partes válidas en el universo que soy yo. Y a la vez, que no soy la única en esto. Que todos pasamos por estos descubrimientos. Porque de esto se trata la vida.

Escribo esto sentada en el avión antes de despegar. Estoy volviendo a Lima después de haber participado en un workshop con el extraordinario maestro de Iyengar Yoga: Manouso Manos. Durante el intensivo nos miró y nos dijo con esa voz que lo caracteriza: “A life without instrospection is not worth living”. Y siguió dando una instrucción tras otra de las miles que da por minuto. No creo que ninguno de los 60 alumnos presentes se haya sentido ofendido. Más bien fue una expresión de algo que parecía venir de su propia experiencia personal.

Un buen maestro se muestra con sus limitaciones y a la vez despierta la “intención” en sus alumnos. Nos enseña que la diferencia entre cualquier clase de yoga y el Iyengar Yoga reside en que el último requiere de nuestra íntima participación. Un compromiso continuo de introspección, mirada, estudio, esfuerzo y aceptación de lo que es real cada día que nos sentamos sobre nuestro mat.

Escuchemos, aceptemos y sigamos percibiendo esas capas que nos separan de nuestra alma. Aunque nos tome toda la vida. Una vida que sí vale la pena ser vivida. Una vida en la consciencia del presente.

Namasté.

Luz Gimenez-Zapiola: “Soy ante todo mujer; soy mamá, periodista, estilista de moda, directora creativa, practicante de yoga, cocinera, amiga, esposa y estoy descubriendo todavía más cosas de mí misma. Hace 14 años que dejé mi país, Argentina, para casarme y formar mi familia en Los Angeles California. Desde ese entonces he vivido también en Santiago de Chile y ahora en Lima, Perú”.

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